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“Nelson Román es una de las figuras más brillantes de la plástica ecuatoriana actual. De los artistas llegados a esa plástica en la última década, uno de los dos o tres de producción más coherente y sostenida. …ha ido forjando, sin prisa alguna improvisadora, su propio mundo de formas y un peculiar lenguaje simbólico y ha dado aporte decisivo, como uno de los adelantados de su generación, para la definición de formas lenguaje de un feísmo de iluminación crítica del mundo, penetrante y desgarrado, mágico y esperpéntico.”
Hernán Rodríguez Castelo 1980. Quito, Ecuador.
“… de un monstruismo americano a magia y mitos americanos y más allá…Nelson Román ha amado siempre el arriesgarse. Y el éxito de todas sus grandes aventuras pictóricas, le ha hecho confiar en los poderes de su arte. De su dibujo penetrante, de su color rico de resonancias, de sus sabidurías para componer, de su magia para convocar a sus ceremonias visuales lo viejo y lo nuevo, lo consagrado y lo excomulgado, lo bello y lo feo, lo lleno y lo vacío, lo propio y lo ajeno, el detalle precioso y la totalidad abierta.”
Hernán Rodríguez Castelo 2004. Quito, Ecuador.
La marca ancestral del fabulista… “ Las últimas obras de Nelson Román acentúan, todavía más, la virulencia de su testimonio. Al igual que Courbet, Dix o Matta, para citar únicamente a estos artistas, sabe que la pintura puede ser un combate capaz de manejar la totalidad de los rechazos y de las obsesiones que se imponen al artista. En la serie de los “Argonautas” seres en camino hacia una imposible búsqueda del grial el hombre esquematizado, divinizado, torturado, guerrero o pacificador, erizado de símbolos, envuelto en una vegetación exuberante, rodeado de animales salvajes, se abandona en el remolino de los instintos. La luz cruda, el ímpetu cromático alcanzando su nivel superior, los fulgores elípticos y los desenfoques de la superficie conviven con relinchos, coces, implulsos primitivos, susurrros y sordos rumores.”
Gérard Xuriguera 1998. París, Francia.
“Para Román, pintar es regresar al origen, reanudar los caminos de la infancia, transmutar hechos y acontecimientos escondidos, sin juicio moral, en una búsqueda incansable de la –irrealidad de lo real- que nos traslada a su propio itinerario. La obra de Nelson Román se organiza alrededor de la celebración, destrucción-construcción y reapropiación de un mundo, donde sueño y realidad avanzan al mismo tiempo y se fundamentan sobre la rehabilitación de las culturas ancestrales. Román es aún más apto para recoger esa toma de conciencia por haber escogido vivir entre dos mundos y por lo tanto ser un artista universal.”
Gérard Xuriguera 2004. París, Francia.
“El horror es el tema central de la pintura de Román; sus monstruos: brujas, enanos, dictadores, fetos, locos, desechos humanos, circulan en sus cuadros, como en las calles y plazas de América Latina.”
Oswaldo Guayasamín 1978. Quito, Ecuador.
“Desde sus principios, el arte en el Ecuador se ha basado en el expresionismo. Mientras este movimiento desde los comienzos de Goya ha tenido eco en sus exponentes en Latinoamérica, dos de la figuras más representativas son los mexicanos José Clemente Orozco y José Luis Cuevas; Nelson Román, un gran dibujante e impresor, continúa la tradición de ambos en un enfrentamiento dramático hacia la materia subjetiva y en su manejo fluido de la línea, hoy emerge como uno de los más sobresalientes personajes de su país.”
José Gómez Sicre 1975. Washington D.C., Estados Unidos de Norteamérica.
“Nelson Román trabaja en su pintura con reminiscencias de algo que para el observador, parece conocido ya. Pinta obras cuyos símbolos secretos y figuraciones tienen que ser leídos poco a poco como una página de un libro y que sin embargo, alcanzan recién a través de los colores su contenido emocional -muy fuerte-…. con colores cálidos y luminosos, encima de los cuales viene puesto con mucha economía un azul luminoso frío con contornos circulares y con una organización plena de figuras, Román obtiene una imagen del mundo más bien mítico, en el cual todos los vicios y males están representados por símbolos arquetípicos. Se oponen a la manera de pensar europea, ya que estas figuras con su drástica diabólica, nos evocan a menudo el romanticismo, a la vez que cuentan algo popular y por lo tanto explican y organizan, con lo que Román a menudo deja al observador solo con su inquietud.”
Simone Guski 1986. Bonn, Alemania.
“En el vasto desarrollo iconográfico propuesto por Nelson Román en forma de una altiva serie de pinturas monumentales que asemejan frescos, el espectador experimenta un raro placer al encontrarse, de repente, transportado a un espectacular universo diferente al nuestro. Con una apariencia teatral y didáctica, alcanza a traducir de la mejor manera la poderosa síntesis de un pasado mágico recogido a través de las tradiciones populares las cuales Nelson Román transpone con maestría para hacer asequible esa constante al hombre contemporáneo.”
Gastón Diehl 1991. París, Francia.
“Nelson Román es uno de los destacados artistas que conformaron el grupo denominado -Los cuatro mosqueteros-, que desde sus orígenes como grupo, fragmentaron los parámetros de la modernidad en su discurso y en su representación, por considerarla decorativa. Su propuesta se oponía a la pintura abstracta, a la que consideraban decorativa y planteaban volver al dibujo, pero no al naturalismo, sino a la deformación consciente y desgarradora, es decir a la neofiguración. El trabajo de Román ha sido, desde entonces hasta nuestros días, además de neofigurativo, neoexpresionista en el estilo; ancestralista en la temática y simbolista y fauvista en el uso del color. Su propuesta se nutre asimismo de la inclusión de temas populares, folclóricos, arqueológicos, pretéritos e histórico-artísticos.”
Susan Rocha 2004. Quito, Ecuador.
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